viernes 25 de septiembre de 2009

Messi, el crack sin afición


Considerado el salvador de una selección en crisis, Lionel Messi convive en su país con la extraña sensación de ser un jugador sin afición. El hecho de que sus compatriotas lo hayan descubierto tarde -incluso cuando ya había debutado en el primer equipo de Rijkaard- y el no haber jugado nunca en un club de Primera División de Argentina, lo ponen en una situación de desventaja: todos le admiran, lo tienen en sus equipos de la PlayStation, lo siguen por TV, pero no le brindan su apoyo incondicional.Por el contrario, los medios lo cuestionan, le exigen que muestre el mismo nivel del Barcelona y en las tribunas se le rinde más devoción a jugadores de rasgos más populistas como Tévez o el propio Mascherano. Ellos han jugado en Boca y en River mientras que a Leo lo han visto triunfar en el fútbol extranjero. Messi es querido pero no cuenta con hinchada propia. Increíble, y tan injusto como real.Messi ha tenido que convivir con la idea de sentirse evaluado en cada partido. Le sucedió con Pekerman, cuando el ex seleccionador lo relegó en el banquillo y le quitó minutos en el Mundial de Alemania. La gente y la prensa, claro, pedían a Tévez. Luego, con Basile en la albiceleste, tuvo que soportar una ‘riquelmedependencia’ del seleccionador que le terminó costando su cargo al frente del equipo nacional. Con la llegada de Maradona todo cambió. Diego le dio más protagonismo y buscó hacerlo dueño del equipo. Le entregó el dorsal 10. Lo ubicó cerca de Verón, su padrino futbolístico. Y se peleó con Riquelme, sin que el rosarino tuviera que ver en ese lío. Sin embargo, ante la falta de resultados, la parafernalia mediática profundizó sus críticas hacia Diego y aumentó las exigencias en torno a Lionel. Sin equipo, sin funcionamiento, la Argentina se sostiene en las botas de Messi.A pesar de que las fallas estructurales no potencian su juego, todo lo contrario, lo aislan, lo dejan solo contra el resto del mundo. A pesar de que Tevez no funcionó como compañero de ataque. A pesar de que los aficionados siempre están dispuestos a ovacionar a otros futbolistas de clase media que al propio mejor jugador del planeta, Messi lleva la carga sobre su espalda de ser el crack que debe sanar a su selección. Sólo él puede hacer el milagro. El mejor de todos. El crack, sorprendentemente, sin afición.

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